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El periodismo, un teleidoscopio vital

Por Héctor Conde

Podríamos decir que el periodismo es como un teleidoscopio [1]. Así como el cilíndrico objeto capta imágenes del exterior y las convierte en un conjunto de figuras y colores danzantes, el periodista atrapa un hecho presente y, en base a su propia realidad y experiencias, lo convierte en un producto periodístico. Cada prisma, por ende, podría traducirse por la interpretación de esa realidad que realiza cada profesional, teniendo por lo tanto una variedad inmensurable de noticias (u otros productos) con diferentes colores y formas. Sin embargo, el periodista en esta analogía sería tanto el niño que mira a través del tubo y quien impulsa a que se generen las diferentes figuras geométricas, como el propio lente al final del cilindro que distorsiona y capta la realidad de su exterior. Y es que, como bien afirma Ryszard Kapuscinski: “el verdadero periodismo es intencional, a saber: aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio” [2]. Porque, al fin y al cabo, la riqueza se halla en la variedad. Es mucho más interesante, e incluso placentero, poder tener un sinfín de matices en la prensa que si, por lo contrario, predominase una visión monótona y unidireccional de la realidad en la que vivimos. El periodismo se haya en ese proceso de interpretación, análisis crítico y reflexión de los hechos; está en el viaje que realiza la luz dentro del tubo para dar lugar a colores y formas diferentes que despertará en el usuario un estímulo singular.

Ryszard Kapuscinski
Fuente: Edward Knapczyk, CC BY-SA 4.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0, via Wikimedia Commons

Por lo tanto, el periodismo es un teleidoscopio vital. Es necesario e imperante ver esa descomposición de las imágenes que nos rodean, tanto para los periodistas como para nosotros mismos; no tan solo para informarnos y ser más críticos, sino porque el periodismo bien hecho te hace disfrutar de ese momento en el que notas que tu visión del exterior se torna mucho más compleja y se agranda, adquiriendo nuevos matices y replanteándote formas y puntos de vista que antes no hubieras recreado. Es ese lente necesario por el que todo el mundo debería mirar.


[1] El teleidoscopio es una clase de caleidoscopio en el cual se generan las imágenes geométricas a partir de imágenes del exterior.

[2] KAPUSCINSKI, Ryszard. Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo. Barcelona, Editorial Anagrama, 2002.

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